Mito 5

La existencia del vapeador pasivo

Lo diremos tantas veces como lo certifique la ciencia: No existe el vapeador pasivo.

 

En España, dos investigadores, el doctor Grimalt, del CSIC, y el doctor De la Guardia, de la Universidad de Valencia, han analizado el vapor que exhala el usuario de un cigarrillo electrónico y han encontrado solo lo esperable: propilenglicol, glicerina, aromas y nicotina. Exactamente las mismas sustancias que componen los líquidos. Ninguno de ellos son productos cancerígenos derivados de la combustión que sí se respiran con el humo del tabaco.

 

A este respecto, la Plataforma por la reducción de daños también contestó de manera directa a una insinuación similar que hizo el Ministerio de Sanidad español sin ningún sustento científico.

 

“Actualmente van aumentando las evidencias sobre el prácticamente nulo efecto que puede tener sobre las personas la exposición pasiva al aerosol del cigarrillo electrónico. Algún estudio apunta a que, la exposición a sustancias cancerígenas a través de la aerosolización (que no combustión) de líquidos de cigarrillo electrónico, es hasta 15 veces inferior en comparación con el humo del tabaco y en las condiciones de ese estudio en concreto.

 

La posible toxicidad del vapor exhalado es un asunto de gran importancia en la evaluación del perfil de seguridad sanitaria del cigarrillo electrónico. La evidencia disponible señala como un hecho experimental (explicado por sus propiedades físicas y químicas) que prácticamente no hay riesgo sanitario por la exposición al vapor ambiental por parte de personas en el entorno. El vapor ambiental es un aerosol sumamente diluido, formado principalmente por microgotas exhaladas (predominantemente finas y ultrafinas), glicerol y propilenglicol (que es muy volátil) en fase gaseosa. Las microgotas, al ser líquidas (no sólidas) se evaporan, y los gases se dispersan rápidamente en el ambiente siendo la masa completa del aerosol imposible de detectar en cuestión de minutos o a pocos metros de la fuente. Este es un aerosol radicalmente distinto al humo del tabaco ambiental, el cual es un contaminante tóxico de alta complejidad que está formado por compuestos semivolátiles o no-volátiles, en muchos casos sólidos de distinta naturaleza química, por lo que no se evapora, mantiene reacciones oxidantes y se dispersa muy lentamente en tiempos medidos en horas, decayendo por sedimentación en el suelo y las paredes de los recintos donde se ha fumado.”[1]

 

 

[1] Comentario al informe sobre los cigarrillos electrónicos: situación actual, evidencia disponible y regulación 2020 elaborado por el Ministerio de Sanidad (porlareducciondedanoportabaquismo.org) – página 31